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Alergia y deporte: ¿son incompatibles?

27th agosto 2019

La llegada de la primavera suele venir acompañada de buen tiempo y con la subida de las temperaturas cambian nuestros hábitos: empezamos a pasar más tiempo al aire libre y los parques se convierten en los lugares favoritos para nuestro ocio. Esta preferencia por dejar los lugares cerrados se ve claramente en los deportistas, los espacios abiertos ganan adeptos y el ejercicio físico se traslada a estas áreas.

Sin embargo, este cambio en la rutina puede ser un verdadero suplicio para los alérgicos al polen, ya que en esta época los síntomas de la alergia se pueden intensificar. ¿Significa eso que la alergia es un impedimento para realizar ejercicio al aire libre? La respuesta es no, tal y como señala Javier Domínguez, del Servicio de Alergología del Hospital Universitario La Paz, en Madrid. “Cualquier paciente con alergia respiratoria (rinitis, rinoconjuntivitis y asma alérgica) puede realizar ejercicio físico, pero debe adaptarse al umbral de esfuerzo que el paciente es capaz de realizar”, especifica.

El experto indica que una persona sin alergia siente el sobreesfuerzo que va unido a la práctica deportiva y se cansa si no estamos en una buena forma física. En el caso de los pacientes alérgicos o con asma (especialmente si no tienen la enfermedad bien controlada), ese esfuerzo físico desencadena síntomas. “La realización de ejercicio pone en marcha mecanismos en la mucosa del bronquio que son especialmente nocivos en una mucosa ya afectada de base en los pacientes con asma. Los síntomas más frecuentes son la tos, la sensación de falta de aire, la sensación de opresión en el pecho e incluso la aparición de sibilancias, que son como pitos en el pecho”.

En el caso de que esos síntomas aparezcan mientras se está practicando deporte, Domínguez recomienda cuando los síntomas no son intensos utilizar un broncodilatador para abrir el bronquio. “Además, existe un mecanismo de compensación fisiológica que hace que el bronquio se vaya relajando progresivamente. Si los síntomas son muy intensos, hay que utilizar el broncodilatador y acudir al médico”, apostilla.

Para evitar los problemas y practicar deporte de forma segura lo mejor es prevenir las situaciones de riesgo conociendo el perfil alergológico del paciente mediante un estudio específico bien dirigido y estructurado. “Por ejemplo, si eres alérgico al polen de gramíneas, tendrás que estar muy atento a los niveles de pólenes en mayo-junio si vas a realizar ejercicio en espacios abiertos; pero si lo eres a los pólenes de cupresáceas, será en los meses de invierno cuando estos pólenes alcancen sus mayores picos”.

¿Qué beneficios tiene la inmunoterapia para tratar la alergia?

El punto de partida para tratar la alergia comienza con la confirmación de un diagnóstico alergológico específico que permita identificar en cada persona a qué es alérgico. El siguiente paso es evitar, en la medida de lo posible, la exposición a aquello que le da alergia.

“A veces, solo con las medidas de evitación ya conseguimos no tener síntomas. Cuando no se consigue la evitación, existen fármacos que se prescriben en escalones según la intensidad y grado de control de las enfermedades y, en algunos casos, cuando existe relación bien identificada entre los alérgenos y la enfermedad, la inmunoterapia”, explica Domínguez.

Si nos centramos en esta última, el especialista explica que “la inmunoterapia puede ayudar a modificar el curso de la enfermedad alérgica, previniendo la aparición de asma en pacientes con rinitis y reduciendo en los pacientes los síntomas, el uso de medicación e incluso con algunos extractos de inmunoterapia, disminuir las crisis de asma. Permite tolerar mejor la exposición a los alérgenos e incluso que al terminar el ciclo de inmunoterapia, los pacientes sigan manteniendo esa mejoría a lo largo de varios años, lo que no ocurre con el tratamiento sintomático o con otros fármacos biológicos”.

Por último, el miembro del Servicio de Alergología del Hospital Universitario La Paz recomienda que antes de realizar ejercicio se comprueben:

  • Las condiciones climatológicas: si hace frío, si el ambiente es muy seco, si existen niveles altos de polen o contaminación, etc. Estos factores repercuten negativamente provocando que haya peor tolerancia al ejercicio físico.
  • Las condiciones personales: el deportista debe tener en cuenta si su asma está controlado, si ha tenido una infección respiratoria previa o existen otros factores de descompensación de la enfermedad. Además, también debe tener en cuenta si se ha aplicado bien la medicación antes del ejercicio y s junto al calentamiento muscular, ha hecho un buen calentamiento respiratorio.
  • El tipo de ejercicio que va a realizar: “no será lo mismo un ejercicio aeróbico y progresivo  (natación o bicicleta en llano), que uno mucho más exigente como la escalada o el esquí”.

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