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Eres lo que haces de forma repetida.

17th abril 2018

 

El ser humano es posiblemente el animal con mayor capacidad de adaptación del planeta. Existen mujeres y hombres capaces de sobrevivir en las condiciones climatológicas más adversas desde los lugares más tórridos hasta los gélidos polos. Se han escalado las más altas cumbres del planeta y descendido hasta las profundidades de los océanos. Incluso se ha conseguido llegar más allá de los límites de la Tierra.

 

Tenemos un organismo privilegiado capaz de adaptarse a las condiciones más exigentes. De hecho, existen teorías que afirman que las diferencias físicas entre las distintas razas son un producto de la adaptación humana al medio.

Adaptación del cuerpo a las posturas y el ejercicio.

Adaptación del cuerpo a las posturas y el ejercicio.

Existen variedad de ejemplos que escuchamos y vemos cada día en los que podemos observarlo:

  • Si tenemos que caminar una distancia larga, el primer día  (y tal vez el segundo y …) nos supondrá un esfuerzo grande, nuestras piernas se cansarán e incluso es posible que tengamos agujetas al día siguiente. Pero nuestro cuerpo se preparará para que podamos repetirlo y en unas semanas la percepción de esfuerzo irá desapareciendo, notaremos la musculatura de nuestras piernas más fuerte y que la sensación de fatiga cuando el camino “tira para arriba” va desapareciendo.  Nos hemos adaptado a esa distancia.
  • Llega el verano: playa, piscina… Los primeros días, los rayos de sol queman nuestra piel,  se enrojece e incluso se seca y se desprende, pero después de eso, nos ponemos morenos. Nuestro cuerpo se adapta para que no volvamos a quemarnos.
  • Se escucha hablar de que los grandes montañeros que acuden al Himalaya pasan meses hasta que intentan “hacer cumbre”. Primero la aproximación al campo base, establecerse en distintos campos de altura, dormir a distintas altitudes…  Todo, para conseguir, como dicen ellos, “aclimatar”. O lo que es lo mismo, adaptarse para que ese aire carente de oxígeno haga posible que sus funciones vitales sigan desarrollándose a pesar de la altitud.

Cualquier entrenamiento es un proceso de adaptación fisiológica al esfuerzo.

Somos inadaptables al sedentarismo.

Cada persona se habitúa a los esfuerzos que realiza en su día a día y curiosamente las personas que más cansadas dicen estar siempre, suelen ser las que menos actividad física realizan.

La falta de actividad origina deterioro, mal estar, dolor y entramos en el círculo vicioso de no me muevo porque mi cuerpo no responde y mi cuerpo no responde porque no me muevo ¿Qué podemos hacer  entonces? Introducir en nuestro día a día actividades que mejoren las capacidades de nuestro cuerpo. Revertir esa espiral de desgana, pasividad, insatisfacción por actividad, bienestar, vitalidad.

Busca actividades que te hagan sentir mejor mientras las practicas, busca la manera de que tu cuerpo sea más competente en tu día a día. Eres lo que haces repetidamente y cada movimiento deja huella y no sólo en tu cuerpo, también en tu mente. Dota a tu cuerpo del mayor repertorio posible de  movimientos, tu cerebro buscará el más eficiente.

 

Muévete de forma libre; practica Pilates o Antigravity y siéntete mejor.

 

 

 

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