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LOS REFRESCOS DE COLA (Y OTROS…) SON LOS PRINCIPALES RESPONSABLES DE LA OBESIDAD

26th diciembre 2018

LOS REFRESCOS DE COLA (Y OTROS…) SON LOS PRINCIPALES RESPONSABLES DE LA OBESIDAD

Cuando yo estudiaba la carrera de medicina, en los años 1988-1994, no existía la actual epidemia de obesidad infantil.

¿Han cambiado los niños?
No.
Ha cambiado la alimentación que nos vende la industria y que inunda los stands de los supermercados. Un veneno adictivo escondido con azúcares añadidos.
Un insulto a la salud y a la población.
La industria alimentaria, con ánimo de lucrarse más cada día e importándole un bledo la salud de las personas, inserta aditivos “adictivos” en la comida procesada y en los llamados “refrescos”, de manera que cada vez existe más consumo de éstos sin que la población sepa lo dañino que su consumo es para la salud.
En un futuro no muy lejano Sistema Nacional de Salud no va a tener dinero para soportar las consecuencias médicas de la epidemia de obesidad que va a seguir aumentando en los próximos años y, por ende, de las enfermedades relacionadas con ella: Diabetes tipo 2, Hipertensión, Síndrome Metabólico, Cardiopatía Isquémica, cáncer, etc…


Un sencillo ejemplo:
En una sencilla botella de plástico de “Cola-Loca” de 50 cl tenemos nada más y nada menos que el equivalente a 14 terrones de azúcar de 3,5 gramos. ¿Alguna vez has intentado poner 14 terrones de azúcar en un vaso? ¿caben tantos?

El azúcar es adictivo (eso no nos lo dicen)
Si tomas, quieres más, compras más, bebes más.
Además, dichas bebidas de cola, llevan sal (cuyo sabor está camuflado por las ingentes cantidades de azúcar), lo que hace que queramos beber más (y comprar más). Otro veneno escondido también en las comidas procesadas.
Además lleva cafeína, que también es adictiva y nos hace “necesitar más”. Como ese 2º o 3º café que mucha gente “parece necesitar” a media mañana.
Pero lo interesante es lo que ocurre con el azúcar.
Azúcar es sacarosa = Glucosa (que prácticamente no sabe a nada) + Frucosa (el más dulce de los azúcares)
Y lo más interesante es que la fructosa no pasa a glucosa para darnos energía inmediata como ocurre con la glucosa.

La frucosa se metaboliza en el hígado de manera que los primeros 60 g se convierten en glucógeno hepático, una buena fuente de energía rápida que se transformará en glucosa cuando la necesitemos con el ejercicio.

Pero por encima de los 60 g, la vía metabólica se satura y convierte la fructosa en Triglicéridos (grasa)siendo este mecanismo el principal causante de la obesidad en el mundo occidental a día de hoy.
Es más dañino para el corazón el cociente Triglicéridos/HDL que el famoso “colesterol malo”, el famoso LDL.
No es la grasa de los alimentos los que nos engorda (los alimentos “light” son otro fraude) sino la fructosa del azúcar añadido (glucosa+fructosa).
Añadido no sólo en las bebidas “refrescantes” sino en toda la comida procesada que nos venden en el supermercado (repleta de sal y de azúcares añadidos), ese azúcar que actúa como adictivo y hace que consumamos más, comamos más, engordemos más y compremos más.
Es un atentado contra la salud.
Los adultos y los niños, deberían beber agua como principal fuente de líquidos. Y mejor si es del grifo (para evitar tanto acumulo de residuos de plásticos) y mejor si es de la montaña, sin estar clorada, para que sus bacterias nos proporcionen vitamina B12 (no sólo a los vegetarianos que no tomen suplementos, sino a toda la población, dados sus beneficios contra el Alzheimer y contra la formación de homocisteína en la cadena inflamatoria que lleva a la cardiopatía coronaria).
En los hospitales vemos máquinas de comida rápida y de “refrescos” en casi todas las plantas. Para mí es tan incongruente como si pusieran máquinas de tabaco en los hospitales. Casi igual de dañinas, pero en este caso, sin contarnos su potencial dañino, que es incluso peor, porque lo de que el tabaco es malo ya es algo conocido.
Me pregunto, ¿cómo puede esconder toda esta verdad la industria alimentaria sólo por lucrarse, cuando está “envenenando” a toda la población?
La OMS debería publicar algo al respecto, no sólo sobre la carne y su potencial cancerígeno si la consumimos a diario.

Qué poco sabemos de nutrición…

Desde hace unos meses, escuchando (en mis viajes en coche al hospital) grabaciones en mp3 de conferencias médicas sobre nutrición encontradas en Internet, he descubierto muchas cosas sobre la mala nutrición que llevamos en el mundo occidental.

Desde hace un tiempo, intento que mi alimentación se base en verduras, frutas, hortalizas y legumbres (como fuente principal de proteínas.
Y 1 ó 2 veces a la semana algo de pescado y sólo en ocasiones, un poquito de carne, como mucho una vez a la semana.
Aún me queda mucho por escuchar, por leer, por aprender y por conseguir llevar una dieta saludable, algo que cada vez nos pone más difícil conseguir la industria alimentaria.
Dentro de un tiempo sabré más cosas y quizás corrija algo de lo aquí escrito. Pero hoy, mientras corría con Tuca y Kilian por la Sarra, he pensado que tenía que escribir esto, porque lo niños obesos de hoy no son distintos a los de hace 40 años. No son ellos los culpables. La industria alimentaria es la culpable.
Los niños son inocentes, son víctimas. Tenemos que ayudarles a poder comer sano, algo cada día más complicado (salvo que tengas tu propio huerto!)
Espero que con el tiempo se publiquen todas estas cuestiones y se prohíba a la industria alimentaria engañarnos con los aditivos que esconden en sus productos.
Aditivos tan adictivos que mantienen a la población “drogada”, enganchada, consumiendo sus productos…
…productos que consumen nuestras vidas.
Jorge García-Dihinx
Pediatra Hospital de Barbastro IHAN

P.D: La razón por la que los niños, tras tomar un refresco, comen luego con el mismo apetito como si se hubieran bebido un vaso de agua es porque la fructosa no estimula ni la leptina ni la grelina, ambas hormonas responsables de la saciedad a nivel del hipotálamo. ESta es una de las verdades ocultas de la fructosa. Por eso los niños no dejan de comer.

Por otro lado, la fructosa se metaboliza en el hígado en una vía idéntica a la del etanol (alcohol). De manera que su ingesta excesiva produce hígado graso (no alcohólico) con todas las consecuencias del síndrome metabólico: Resistencia a la insulina, obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedad cardíaca.
Esta es otra de las verdades escondidas de la fructosa. Una verdad que a la industria alimentaria no le interesa sacar a la luz.
La diferencia con el alcohol es que la intoxicación aguda de fructosa no afecta al cerebro y no causa borrachera a los niños!
Pero su consumo crónico excesivo es tan tóxico para el hígado como si les diéramos alcohol. La barriga cervecera y la barriga infantil por refrescos son de un mismo origen metabólico. Increíble, verdad?

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