Sábes como impartir la mejor clase de Pilates.

6th mayo 2018

 

 

No es  aquella sesión en la que más se suda, sino en la que más se aprende“. Esta frase la compartía ayer Pablo Vera desde su cuenta de Instagram a la vez que dejaba una pregunta ¿Estás de acuerdo? Me pareció una interesante reflexión y una muy buena manera de hacer a otros compañeros pararse a pensar sobre cuál es el elemento principal para poder desarrollar la mejor clase de Pilates posible.

A su vez y aunque hace no mucho habría contestado con un rotundo si pensaba en cómo ha cambiado mi visión en relación a ésto a lo largo de los años.

Pilates Reformer Allegro.
 

Alguna vez te he mencionado por aquí que mi objetivo principal cuando doy una clase de Pilates es que mis alumnos sean un poco más conocedores  de su cuerpo y posteriormente más competentes en la ejecución y el desarrollo del movimiento. De ahí que no sea la primera vez que menciono la frase de Beatriz Crespo de “si lo entiendes lo aprendes y si lo aprendes lo aplicas“. Porque no es un hecho que se da tras completar una clase sino que se trata de un proceso: comprensión- aprendizaje- aplicación.

El alumno de Pilates no viene a “que le curen” ni busca soluciones inmediatas ante un problema específico. Al contrario que ocurre con otros profesionales nosotros no tenemos la capacidad de establecer plazos concretos ni dar soluciones rápidas. De eso no depende nuestro éxito con ellos, es más bien todo lo contrario. El instructor de Pilates busca una relación con su alumno a largo plazo porque las situaciones cambian, los objetivos también pero la necesidad de moverse y ejercitarse más y mejor permanece. Como decía Joseph Pilates: “El bienestar físico es el primer requisito para la felicidad” y nosotros somos quienes debemos adaptarnos a las características y demandas para acompañar a nuestros alumnos en la consecución de ese objetivo. Aunque diría que no sólo debemos considerar sólamente el plano físico, sino también desde la perspectiva mental y emocional.

Dicho lo anterior, hablando con otros compañeros tengo la sensación de que a veces se pone el apartado física en un segundo lugar. Hay quien parece que considera que hay (a ver cómo lo explico) alumnos de primer o segundo nivel. Digamos que como en el cole cuando yo era niño, parece que están “los listos” y los “menos listos”. Y se tiende a  infravalorar al alumno que acude a Pilates para mejorar su físico, para poner su musculatura al límite, para sudar, para entrenar… sin más pretensiones. Quizá yo he caído en ello alguna vez, he de reconocer.

En relación a esto, y volviendo a la frase inicial: “la mejor clase de Pilates no es aquella en la que más se suda, sino en la que más se aprende”, después de ver que existían varios comentarios y todos ellos a favor mi respuesta, como casi siempre, es: depende. Existen alumnos con distintas características y distintos objetivos y todos ellos son tus clientes. De manera que aunque tú tengas tus objetivos a desarrollar con ellos nunca debemos olvidar las razones por las que ellos acuden a tí. Si es algo que tú no estás dispuesto a dar sería bueno que fueras honesto con esa persona desde el principio. Aunque debo decirte que según lo que yo he observado en otros compañeros, el buen instructor de Pilates es flexible y adaptable por lo que en mi opinión la mejor clase de Pilates no es en la que más se suda ni en la que más se aprende sino la que deja al alumno con ganas de repetir y volver a por más… de aquello de lo que busque cada uno.

 

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