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Tu Cerebro no Quiere que Hagas Ejercicio

19th junio 2018

Tu cerebro es vago. Si, si. No quiere que te canses, ni que gastes energía de más. Le vale con lo necesario para que tu organismo siga produciendo células nuevas que sustituyan a las que ya cumplieron su ciclo. Quiere que la sangre circule por cada rincón de tu cuerpo bombeada desde el corazón. Se encarga de que éste siga latiendo a través del impulso nervioso que le envía, recibiendo a cambio el tan necesario oxígeno que tus pulmones recogieron. Quiere que otras funciones básicas como la digestión o la eliminación de sustancias de desecho también se sigan llevando a cabo. Pero no quiere que te canses: que levantes cargas, ni que corras, ni que saltes… En resumidas cuentas: quiere hacer lo justo para que sobrevivas.

    fuente: gravitywerks.com

fuente: gravitywerks.com

Como puedes imaginar el hombre primitivo cazador y recolector no tenía la nevera llena. Por ello su cerebro estaba programado para reservar, acumular y usar de manera eficiente la energía que había ingerido al desconocer cuándo llegaría el próximo suministro. Como se dice en este artículo“en parte por genética, en parte por el funcionamiento esencial del cuerpo humano, existen mecanismos naturales que boicotean los esfuerzos innecesarios y buscan siempre gastar la mínima energía posible. En otras palabras, la ley del mínimo esfuerzo existe en términos biológicos”.

En el estudio citado se analizaba la manera de caminar, estableciendo modificaciones que exigían a los sujetos adaptar el paso. Concluyendo que el sistema nervioso realiza ajustes en busca del ahorro de energía. Más allá de la validez o las limitaciones del propio estudio y las pruebas que se desarrollaron, me parece interesante el planteamiento. Como explica uno de los investigadores “la mayoría de nosotros preferimos hacer las cosas siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, como cuando elegimos el camino más corto para llegar a casa o nos sentamos en lugar de estar de pie”.

La motivación es la gasolina del cerebro.

Y si mi cerebro está programado para que no haga ejercicio ¿Eso lo puedo cambiar? Por supuesto que sí. Hay cuestiones que nos predisponen biológicamente y que vienen en nuestro código genético pero también existen factores ambientales que si no la modifican, al menos suavizan esa predisposición. La semana pasada te hablaba sobre la adherencia al ejercicio y la importancia de la creación del hábito. Existen hábitos saludables y otros que no lo son. No creo que nuestro ADN nos predisponga a querer inhalar y exhalar humo.  Aún así vemos fumadores por todas partes (por suerte cada vez menos). De la misma manera vemos también a nuestro alrededor personas que afirman que en su día a día no pueden prescindir del ejercicio y en el fondo, les envidiamos. (Incluso tú que les criticas y dices: tanto ejercicio no puede ser bueno… tú también).motivacion

El primer paso, tanto para inhibir un hábito como para incorporar uno nuevo, es tener una motivación para hacerlo. Conseguimos vencer a nuestro perezoso cerebro cuando encontramos una poderosa razón que nos motiva a hacer ejercicio. Y pueden ser de varios tipos: por diversión, por salud, por mejorar la imagen, por ocupar tiempo de ocio, por socializar y conocer gente, por superación personal…

6 Estrategias para empezar a hacer ejercicio

Una vez encontrada esa motivación por la cual quieres empezar a hacer ejercicio, sólo tienes que pensar en estrategias que te lo faciliten. Aquí te dejo algunos ejemplos que yo utilizo:

  1. Prioriza la calidad sobre la cantidad. Muchos pocos hacen un mucho. Una paliza de 5 horas el domingo no es comparable al beneficio de media hora diaria de ejercicio. Lo segundo muestra constancia, lo primero es un “lava-conciencias”. Y si sigues creyendo que 30 minutos es mucho puede que cambies de opinión si te digo que es sólo un 2% de tu tiempo diario. Además recuerda que como te contaba en esta entrada “Menos es más”.

    “Una hora de entrenamiento es sólo un 4% de tu día”

  2. ¡Cambia el enfoque! Cómo dices las cosas y sobre todo, cómo te las dices hace que las percibas de una manera o de otra. No es una obligación, es una oportunidad. En lugar del tengo que hacer, debo hacer, necesito hacer ejercicio… Que sólo te añaden presión, tienes la opción de disfrutar de hacer ejercicio, quieres hacerlo,  te has propuesto hacer ejercicio…

  3. Acompañado siempre es más fácil que sólo. Empezar solo siempre cuesta más. Hacerlo con alguien más crea una especie de “compromiso moral” con la persona o grupo con el que quedas que te motiva a no fallar cuando la pereza (y las excusas) se echa encima.

  4. Cuéntaselo a todo el mundo. Di que vas a empezar a correr, que vas a apuntarte a Pilates, que irás a nadar… Dilo incluso antes de empezar. Porque así en cierto modo te estás empezando a comprometer y luego no querrás decirles que otra vez te pudo la pereza. E incluso puede que tal vez así encuentres a ese compañero de fatigas que te lo hará más fácil.

  5. Sólo practica actividades que de verdad te gusten. Está relacionado con lo anterior y aunque puede parecer algo evidente, hay quien va al gimnasio o a correr sólo porque es lo que mayoría hace (o porque no se les ocurre otra manera de hacer ejercicio) y después de un tiempo intentándolo, acaban abandonando y te confiesan con sentimiento de culpa: es que no me gustaba.

  6. A primera hora o a última del día. Si nunca hiciste ejercicio de manera regular las ganas no van a surgir de repente. Te tienes que organizar. Además, los huecos libres rara vez aparecen a lo largo del día, así que planifica. Puedes levantarte un poco antes o tal vez llegar a casa un poco después. Por la mañana te quitarás horas de sueño, por la noche horas de tele u ordenador…

Se trata de crear el hábito. Y esto no es una tarea fácil principalmente porque lleva tiempo. Pero ya conoces cuáles son las tres R que te ayudarán a conseguirlo. Además sabes que tu cuerpo responderá, sentirás que eres capaz y estarás más cerca de convertirte en tu mejor versión. Puede que tu cerebro sea vago y al principio se resista, pero se le puede convencer…

“Tu cuerpo puede aguantar casi todo. Es a tu mente a la que debes convencer”

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